martes, 15 de junio de 2010

SER COMO ELLA, LA INMACULADA VIRGEN

Tomado de internet, de: http://www.reinadelcielo.org/
Ser como Ella, la Inmaculada Virgen


¿Cómo hacerlo? ¿Cómo puedo ser aunque más no sea un poco parecido a Ella? Parece tan difícil, tan inalcanzable, tanta distancia hay entre la Pureza infinita de la Madre de Dios y nuestras debilidades cotidianas.

Y sin embargo, se puede. Y justamente ese “se puede” esconde una parte enorme del misterio de la reconciliación de Dios con el hombre. María pudo, y tuvo un origen humano como todos nosotros, más allá de que Dios puso en Su Predilecta un origen Inmaculado que la elevó sobre el resto de la Creación. Pero Ella sigue siendo en su origen tan humana como tú, como yo. María es la felicidad de Dios encarnada, ya que más allá de todos los fracasos que hemos tenido los hombres a lo largo de los siglos en darle felicidad al Creador, Ella es el Santuario que recuerda a todo el Cielo que merecemos la Misericordia de Dios, porque si Ella pudo, otros podremos también.

María fue el Arca de la Nueva Alianza, porque tuvo al Espíritu Santo en Ella desde siempre, y luego acogió al Verbo Encarnado, al que le dio vida como Hombre. María fue la Casa de Dios, el Hogar Perfecto para el mismo Divino Niño. Y así nosotros también tenemos que ser la Casa de Dios: nuestro corazón debe ser el hogar del Espíritu Santo, refugio de Dios, como lo fue María en su tiempo en la tierra.

Y la Virgen también fue y es verdadera Corredentora, porque entregó todo al Padre, entregó a su Hijo Amado, y vivió místicamente lo que Jesús sufrió frente a sus propios ojos. Ninguna Criatura llevó jamás una Cruz más pesada que la de la Crucifixión de su Hijo. Sólo la Cruz de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre supera, y por mucha distancia, el sufrimiento de la Virgen. Y así tenemos que ser nosotros también corredentores, siguiendo el camino que María nos muestra. Tomar nuestra pequeña o gran cruz y seguirla, porque Ella nos lleva a Su Hijo, que nos espera, sabiendo que estamos en las mejores manos.

María es la omnipotencia suplicante, es la oración hecha persona. Ella siempre oró a Dios, con sus pensamientos, sus sentimientos y sus actos. Todo en María fue un canto al Creador. Y ahora más que nunca, en un mundo que parece no darse cuenta del peligro que lo acecha, Ella se nos presenta en muchos lugares para pedirnos oración: “oren hijitos míos, oren por los pecadores”. ¿Cuántas veces escuchamos este pedido?. Seamos como Ella una potencia suplicante, una oración cotidiana, un canto con el corazón abierto e inflamado de amor por Cristo, nuestro amado Jesús.

María al pié de la Cruz, junto al Redentor. Y donde está el Cuerpo del Hijo, está la Madre. Ella nos lleva a la Eucaristía, al Milagro más admirado por los ángeles. ¿Y nosotros no nos damos cuenta de la majestuosidad del Dios de los hombres hecho Pan y Vino entre nosotros?. María nos lleva al Cuerpo y Sangre de Jesús, para que lleguemos como Ella al pie de la Cruz, cada día, en todos los Tabernáculos de la tierra.

María, Reina de la Creación, lleva bajo Tu Manto a todos tus pequeños niños, para que sepamos imitarte como el verdadero modelo que Dios nos legó. Seamos como vos nos querés moldear, seamos dóciles y humildes alumnos de tu maternal escuela. Madre, deja que seamos a vos lo que Dios quiso que sea la naturaleza humana de Jesús: tu fiel reflejo.

DEJAR DE TEMER A LA MUERTE

DEJAR DE TEMER A LA MUERTEPublicado por Juan de Jesús y María el junio 3, 2010 a las 12:30am


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.1. Queridos hermanos en el seno de la Iglesia de Cristo y María. La muerte no debe asustarnos si le pedimos a Dios la gracia de ser fieles a su santa Iglesia. Necesitamos pedir la gracia de la perseverancia para vivir una vida siempre vinculada al Misterio de la Única Iglesia. El Misterio de la Iglesia es Cristo. Abrazados a la Iglesia, estamos abrazados a Cristo, y entonces el temor a la muerte desaparece y surge la esperanza de una Nueva Vida después de morir.



Al morir despertaremos a la vida que hemos cultivado en el alma por medio de una vida sacramental sincera, aunque con fallos, pero sincera y entregada. Se abrirán los ojos del alma y se cerrarán los del cuerpo, y contemplaremos lo que se ha cultivado en ella; o sea, lo que hemos dejado que Dios restaure y renueve en ella... Y Él quiere modelar a su Hijo en nosotros y con nosotros.



Pero si solamente hemos vivido para darnos gustos egoístas, si sólo hemos existido para hacerle caso a lo que nos propone el mundo, satisfaciendo nuestra bajas inclinaciones de búsqueda de placer, autoestima, diversión, fama, poder, posesión y curiosidad; y no hemos permitido que nuestra alma camine acompañados por Dios hacia la Patria del cielo; entonces el panorama que veremos será desastroso, pues despertaremos alejados de Dios -quien es fuente de bondad, verdad, orden, belleza y bienaventuranza- y sólo percibiremos maldad, tiniebla, confusión, horror y sufrimiento.



Si no hemos cultivado aunque sea un poco de la realidad moral, o sea de la Ley de bondad de Dios, la cual es requisito para tener vida espiritual, cumpliendo con sus normas básicas: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, “Haz el bien y evita el mal” Y “Haz a los demás lo que quieras para ti”; y no hemos sido solidarios y respetuosos con el ser humano y con la naturaleza; entonces nuestra alma -a la cual sometimos a la inanición- desplegará de su interior un mundo de horror.



Si no hemos cultivado la vida espiritual verdadera, y no hicimos caso al mensaje de salvación del Evangelio, entonces nos encontraremos que la temida muerte maligna se continúa después morir -lo cual es condenación, es decir, muerte del alma al quedar alejados de la vida de Dios-, quedando inmersos en una dimensión de sufrimiento, frustración, tristeza, oscuridad, frío, caos e impotencia.



2. Pero si a pesar de la oposición del mundo y de nuestras malas inclinaciones, decidimos amar, perdonar y hacer el bien, no obstante se nos pagara con humillaciones y rechazos; entonces al abrir los ojos después de morir brillará para nosotros un Sol de amor, armonía y belleza que no se apaga nunca.



Y si fuimos fieles a los Sacramentos de la santa Iglesia, y siguiendo la Doctrina de Cristo amamos a nuestro prójimo, sea amigo o enemigo; y si dejamos que Cristo fuese dado a Luz y creciera en nuestro ser, por medio de María Santísima y la santa Iglesia; entonces al morir y abrir los nuevos ojos en la Resurrección, veremos con alegría y asombro que Dios es el Sol que da vida y enciende de Vida eterna todo nuestro ser y, que a la vez formamos parte de Él, pues nos lleva en su seno.



Si por gracia nos hemos negado y aceptado la Cruz del Señor, y sostenidos por Él perseveramos hasta el fin terreno; entonces Cristo, quien de manera casi imperceptible permaneció conformándose en nosotros, nos llevará a donde Él esté, o sea a la Vida que no tiene fin y que ya no contiene muerte:



“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn 11, 23-26).



Ésta es nuestra fe, y si hemos creído en Él y lo hemos amado con todo nuestro ser; desde ahora, en esta vida, ya somos parte en su resurrección; y entonces sucede que en la Santa Misa, donde se rememora y actualiza el misterio pascual (institución de la Eucaristía, pasión, crucifixión, muerte y resurrección), nos volvemos testigos y parte de su resurrección por obra y gracia del Espíritu Santo en los Sacramentos de la santa Iglesia.



Que el Dios de Amor, Bondad y Vida nos permita vivir inmersos en la Vida eterna aun existiendo en esta realidad tan difícil, para que podamos vivir la vida y la muerte de Cristo y podamos expresar también:



“La muerte ha sido devorada por la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” (1Co 15, 55).



“¿O ignoráis que cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados para participar de su muerte?” (Rm 6, 3).



…Y si participamos de la muerte de Cristo por consecuencia participamos de su gloriosa resurrección. Permaneciendo en Cristo la muerte ya no amedrenta pues Él, con su sacrificio de amor, la transforma en puente para la Vida eterna feliz.



Cordialmente: JJyM.

viernes, 11 de junio de 2010

Chipre: entre el ecumenismo y el fanatismo | Church Forum 2.0 beta

Benedicto XVI, a pesar de su frágil figura y su escasasalud, suele viajar al ojo del huracán. Ahora peregrinó a Chipre (4-6 junio),tierra de musulmanes y ortodoxos. En la víspera, el Presidente de laConferencia Episcopal de Turquía fue asesinado por su chofer, que “tuvo unarevelación divina” que le indicaba matarlo. Y a su llegada, un pancarta decía:“La Isla ortodoxa no le da la bienvenida al Papa”. ¿Qué busca el Santo Padre enun lugar minoritariamente cristiano?

Chipre es una isla de Mar Mediterráneo, cuyas dos terceraspartes pertenecen a la República de Chipre, y el otro tercio fue ocupado porTurquía en 1974, dando lugar la República Turca del Norte de Chipre. La islatiene una población de 1,103,790 habitantes, de los que a penas 25,000 soncatólicos (un 2.2 por ciento de la población).

El Papa Ratzinger busca siempre que sus viajes tengan unsignificado muy especial. En este contexto de minoría católica, el Santo Padreda una señal clara: el ecumenismo, y esta isla es el mejor icono de esta unidadentre cristianos. La Iglesia en Chipre, afirmó el Pontífice, se muestra “comoun puente entre el Oriente y el Occidente”.

En una ceremonia ecuménica, nada más llegar a ese país, elPapa expreso su deseo de que “mediante un diálogo paciente y sincero”, seencuentre “la vía para volver a acercar (al Oriente y al Occidente), superandolas controversias del pasado y mirando a un futuro mejor”.

En ese mensaje, dirigido tanto a católicos como a ortodoxos,luteranos, armenos y anglicanos, Benedicto XVI puso de manifiesto que sí esposible la unidad, porque ya hay una cierta comunión entre los cristianos delas diversas denominaciones. “Ésta es la comunión, real, aunque imperfecto, queya ahora nos une, y que nos impulsa a superar nuestras divisiones y a lucharpor restaurar aquella plena unión visible, que es querida por el Señor”.

Respecto a la convivencia entre las religiones, BenedictoXVI pronunció un discurso al Presidente de Chipre y al Cuerpo diplomático. Comoeste país es de cultura y lengua griega, el Papa se refirió ampliamente a losfilósofos clásicos, que descubrieron que la felicidad consiste en actuar segúnla razón y en seguir todo lo que es verdadero, bueno y bello. Y desde ahípropuso una base humana que permita el respeto en las relaciones con los demás.

Luego salió al paso del prejuicio de que las religionesdividen a los hombres. Afirmó que “desde una perspectiva religiosa, somosmiembros de una única familia humana creada por Dios, y estamos llamados apromover la unidad y a construir un mundo más justo y fraternos, fundado sobrevalores durables”.

Chipre es un símbolo, porque es una encrucijada decristianos de diversas confesiones y puente con los países de religiónislámica. Es un “laboratorio” del diálogo ecuménico y de la convivenciainterreligiosa. Es la oportunidad de oro para que la creencia y la adoración deun Ser supremo unan al mundo.

Necesitamos que México sea “otro Chipre”, porque nuestroPaís ya es ahora un nuevo puente entre culturas y religiones, pues ha quedadoatrás la época de una única religión. El Bicentenario de la Independencia es laoportunidad soñada para que México sea un símbolo y un modelo de tolerancia yde diálogo entre las diversas confesiones. Las religiones –el hecho de admitiry adorar a un Ser divino–, es motivo grande para que los creyentes nosrespetemos y nos sepamos y sintamos hermanos.

Autor:

Luis-Fernando Valdés

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